jueves, 14 de septiembre de 2017

Ventana de papel


1
Estiró su torso como ejercicio de costumbre, estiró sus manos para que no se le enredaran con la torpeza de su lengua. Comienza. Estaba pensado en sí mismo, a la vez que pensaba en los otros, sus manos se volvieron nudo, al igual que el trago estancado en la garganta. Comienza otra vez. Sus brazos se estiran en un esfuerzo de abrazar lo imposible. ¡Qué tontería! Lo imposible no existe, esa es la verdadera razón del abrazo vacío.  Comienza de nuevo. Estira sus brazos, esta vez para abrazarse a sí mismo, en el abrazo, lo abraza todo, lo asfixia, lo deja desnudo, desamparado. Comienza, otra vez. Estira sus manos, perturbadas y torpes, con los dedos entumidos de tanta lucha, se pregunta si está vivo, pero la respuesta cuesta más que la bala que lo mata. Comienza una vez más. Estira sus brazos para permitir que todo entre, para llenarse de ventanas, una roca remonta el vuelo y destruye su corazón roto. Detuvo todo en la ira: “¡Quien rompió el vidrio!”- Preguntó. Le dije en voz baja: lo hice yo. Comienza…. Estira sus brazos para liberar la inspiración, secuestrado, se percata de que afuera, en la distancia, en la distancia dentro de nuestras distancias, en lo íntimo, en la penuria de nuestros secretos, solo hay ventanas de papel. Comienza una última vez.
Tiene las manos secas.

2
Está tras la ventana, pero también fuera. Uno tiene hojas verdes, las otras hojas son negras, de hecho, es completamente negro y también verde. No hay mentira si se dice que puede ser azul, rojo, morado o cubierto de copos de nieve hechos de azúcar morena.  Entonces resulta que no solo hay dos, hay millones y se exponen en el siguiente orden: el árbol verde fuera de la ventana, el árbol negro detrás de la ventana, una inmensa variedad de árboles de distintas especies, formas y colores, todos en las pupilas de quienes imaginan el árbol negro.
3
Tomé una hoja de papel y comencé a jugar con ella. Le daba vuelta y acariciaba sus bordes como si me fuese a suicidar con uno de los lados. Hay muchas formas de morir y esa me parece irreal, pero elegante. Creo que merezco una muerte elegante, eso sí, efímera como todas. Todo es cuestión de apreciar los momentos, la muerte es misteriosa, lo misterioso o es razón para temer o es razón para amar.  Me inclino más por lo segundo, hay que vivir el misterio, no hay necesidad de adelantarlo, pero igual, desde que nacemos estamos esperando que suceda lo inevitable. Estuve pensando en algunas personas que han vivido ese momento, todos se han quedado muy callados. Cuando alguien se muere se lleva muchas cosas consigo, lo supe bien o caí en cuenta, el día que entendí que no estaba allí. Todos lloraron por eso, lo comprendo. Pero ya es suficiente, observa, dejó mucho más de lo que se llevó.  Cuando terminé de escribir busqué una tijera e hice franjas a lo largo del papel. Parecía una de esas ventanas que se cierran con el pequeño manubrio que tiene en la esquina. La puse ante mis ojos y miré a través de las cortaduras y las letras. Lo vi todo diferente, pero nada nuevo, o tal vez sí.
4
El hombre cae del edificio. Resultado: muere.
La mujer es atropellada. Resultado: muere
El niño es maltratado. Resultado: muere.
El homosexual golpeado. Resultado: muere.
El lector. Resultado: muere.
El que no hace nada. Resultado: muere.
El que lo hace todo. Resultado: muere.
El escritor. Resultado: muere.
El capitalista. Resultado: muere.
El rico. Resultado: muere.
El pobre. Resultado: muere.
El creyente. Resultado: muere.
El pagano. Resultado: muere.
El racista.  Resultado: muere.
3,899,0786,587. Resultado: muere.

Cuando terminé de probar la confiabilidad de la máquina perfecta, entré en un dilema. Me puse sentimental y en escapé me volví filosófico: “todos mueren, pero no todos vivieron, lo importante es el tiempo vivido…” ¡Patrañas! Entonces se me ocurrió hacer una última prueba. Coloqué mi nombre en la máquina. Está empezó a procesar, una y otra vez, una y otra vez, hasta el cansancio. Luego de largas horas la máquina arrojó un resultado. En una pequeña tarjeta rectangular escribió: “los cálculos indican que estamos escritos, la persona que nos escribió morirá, nosotros vinculados a su existencia, a la existencia y a la no existencia, no moriremos, y eso, que estamos a un punto de explotar. ¡Bum!

miércoles, 9 de agosto de 2017

Carta para ciegos




Las enviamos todas el mismo día. Con dirección y remitente. Antes estuvieron aquí, y siguieron llegando, se acumularon muchas y por eso decidimos devolverlas. Decían lo siguiente:
A usted estimada persona que tiene cosas por las que preocuparse en la vida:
He estado varios días meditando acerca del contenido de esta carta. Quería decirle que las cosas han cambiado demasiado estos últimos años. Me he preguntado: ¿De dónde eres? ¿Dónde vives? Me he servido de mis inquietudes para saber de ti, son todo sospechas. Si, alguna vez debiste haber sospechado de quien se sentó a tu lado en el parque, en el autobús, en la sala del cine, en el comedor de tu casa. Personas normales, comunes, cotidianas, ordinarias. Por supuesto que si hablamos de lo normal jamás saldremos de lo ordinario. Bien sabrás que ser extraordinario conlleva un riesgo. Lo primero es entendernos, es necesario lograr una sincronía con la casualidad, que no es más que un patrón azaroso. Luego debemos entender que todo está en su lugar, fuera de este, entre este, sobre este, bajo este; como si vibrara, en diferentes lugares simultáneamente. Imagino que escuchas la vibración, es sencillo escucharla si haces silencio, si te vuelves nadie para ti mismo.  Finalmente hay que conectarlo todo, los puntos, las comas, los silencios las ambigüedades y todo lo que parece estar allí sin tener un propósito.  ¿Ahora lo ves?
Siempre he querido contarle a alguien acerca de mi vida, tan extraña y tan sola. No te preocupes si al leer estas líneas te entristeces, me gusta estar solo. Disfruto el vació que me hace eco, esa es mi única forma de escucharme. No se puede estar perdido si tu lugar está en todas partes. Esto te lo digo sin ánimos de ofender, la felicidad que tanto buscas no es lo mejor. La felicidad se basa en todo aquello que te he dicho, en los puntos que convergen en tus labios para hacer una sonrisa, una risa, un gemido, un suspiro. En cambio, la paz es mucho mejor. Los puntos convergen, todos, no forman nada, pero lo forman todo, aceptamos y la paz es el centro de la convergencia. Cuantos han dicho que es tan complejo, muchos se han perdido por andar mirando las cosas muy de cerca, las cosas se los tragan.
Hace unos meses, cuando me sucedió lo que ya conoces, tuve la sensación de que la obscuridad era clara, y la claridad… bueno la claridad tiene al mundo ciego. Quiero compartir estas dudas que han nacido fuera de mí…. ¿Cómo es la vida allá fuera? ¿Adónde va la gente que no son yo? ¿Dónde están ellos? ¿Quién los acompaña? Estaría encantado en poder regalarte algo muy mío, algo perteneciente a las intimidades de mis intimidades, pero no puede ser. El límite de mi universo está más abajo que el cielo, quizás ni me sobrepasa. Desde el limite aprendo, de los otros, pero el límite es infinito, mi tiempo finito y la vida, es un universo que espera para retraerse y explotar. Todo lo que quiero decirte es que desconozco todas aquellas cosas que están fuera de mí, incluso las preguntas que aún no me hago.
El propósito final de esta carta es saber de ti, no de tu vida, no de lo que haces, no de todas esas cosas que te componen. Necesito tus convergencias, tus puntos de silencio, tus elucubraciones de palabras diseñadas para decir algo.  ¿Quién soy? Eso siempre ha sido una pregunta filosófica. Pero de ese soy, es de quien quiero saber, no es necesario saber que has llevado a tus hijos al parque, que has cenado delicioso, que estás en todas las redes sociales, que buscas quien te ame, que se murió tu padre o tu madre o tú. Solo necesito un eco resonando en el espacio, algo que me deje saber que más allá de mi universo no solo existe el vacío.  No es de interés lo que pienses, no debes pensar, debes sentir. No es de interés lo que crees, no debes tener fe. No es de interés lo que sucede, no sucede nada nuevo. Si es de interés la duda, aprender que la duda es la certeza de que siempre habrá más. Con mis dudas, eternas amigas que hacen de mi vida una mejor, me despido, no sin antes pedirte que, si esta carta te ha llegado por error, por favor devuélvela al remitente, eso alimentará mi duda y la duda me dará vida.

Estás eran palabras escritas en una carta que recibí, una y otra vez, siempre igual, las devolví. Comencé a dudar al ver que no podía ir más allá de la carta, sin darme cuenta, todo cambió, nacieron dudas con las que aprendí a vivir y convergí en la paz.

Gracias anónimo, por enviarme la carta.

viernes, 4 de agosto de 2017

Huevos para un omelette



“Las tortillas francesas se hacen con huevos rotos”
En la fiesta de cumpleaños del abuelo todos los familiares se reunieron. (1)
El autobús esta abarrotado, de desconocidos que se sientan juntos. (1)
La iglesia está llena de personas, castigadas. (1)
En el centro comercial, la cajera se tapa el tatuaje de los brazos. (1)
Tu lugar de trabajo está lleno de personas que conoces y que desconoces. (1)
Los carros a tu alrededor, mientras esperas que cambie el semáforo, psicópatas. (1)
En la panadería, el tipo que te hizo un omelette en la mañana. (1)
En este país, en todos, en la calle o detrás de una computadora. (1)
La persona de la que te enamoraste.  (1)
La persona que te ama. (1)
Sentados junto a ti, hablando por teléfono. (1)
Escribiendo para ti.  (1)
=12
Huele, tenemos un olor particular, podrías oler nuestras intenciones, como puedo oler las tuyas.  Debes detenerte o serás uno de nosotros. Estuvimos en todas partes, ahora solo estamos aquí, llenando un solo lugar, dejando todos los demás espacios vacíos, algunos por un rato, otros por siempre. Pero antes de estar aquí, encerrados, estuvimos allá afuera, junto a ti.  



jueves, 27 de julio de 2017

La toalla


Hay toallas llenas de baba de bebé.
Toallas mojadas, secas, manchadas, blancas, de colores.
Hay toallas sucias en los hoteles, llenas de sangre, de ira y golpes.
Toallas para la menstruación.
Hay toallas manchadas con semen.
Hijos que no nacen y la gente que se muere.
Toallas para el sudor, para el espanto, para los ricos, para los pobres.
Hay toallas para que los boxeadores se limpien la cara o la tiren a la lona.
Toallas criminales.
Para matar, para secarlos, para hacerles un nudo, tal vez para evitarlo.
Hay toallas para la playa, para tumbarse en la arena.
Toallas astutas, más inteligentes que cualquiera.
Hay toallas ásperas, rectangulares y estampadas.
Con violencia, con sombras, con amores…
Toallas siniestras, toallas cansadas, para secarse los pies, las manos y la cara.
Hay toallas para todo, para los hijos, para las madres, para los abortos, para las comadronas, para los ladrones, para las señoras, para los limpios, para los sucios, para los que no han nacido, para el que llora, para el que sueña, para el que añora, para el listo, para el tonto, para el viejo, para el joven, para el importante, para el ignorado, para el relevante, para el rechazado…
Hay toallas, para limpiar nuestras historias.
Todo esto, solo porque hay fábricas que hacen y venden toallas.  

martes, 25 de julio de 2017

Cuatro locos y un sartén



Sentados, los cuatro, observando hacia el frente, con la mirada perdida o quizás sumergida en una ironía, no decían nada. El miedo, los locos no tienen miedo, el miedo es para los cuerdos, para aquel que tiene que reprimir algo, es para aquellos que tienen que morderse la lengua hasta sangrar, mientras le rascan los pies que apestan con una pluma de cisne. Con la movilidad presente, sin amarras para atarlos, discutían sin hablarse.

1: Los elefantes, siii grandes elefantes, hicieron un nido en la azotea. Siempre tan tontos, lo más correcto sería hacer sus nidos en los árboles, si en los árboles, siiii como lo hacen los elefantes burgueses, que con sus trompas se comen la fruta y cuando nacen los polluelos elefantitos con sus trompas laaargas y grises, aplastan el árbol.  La migración, se han quedado sin hábitat los elefantes, por eso ahora vuelan hasta las azoteas.

2: Los huevos de rinoceronte son mejores, los cuelgan de las telas de araña y las arañas no se los comen, porque son muy graannndes y se indigestan. No hay nada peor que una indigestión con huevos de rinoceronte.  Pero yo nunca he tenido problemas del estómago, supongo que me caerán bien, la radiación a mí no me ha afectado, un poco si en eso de la visión doble, pero cuando cierro los ojos no se me nota. Cierra los ojos, ciérralos, no lo veas, no veas lo que te molesta y come huevos de rinoceronte antes de que la cría rompa el cascarón con su tórrido cuerno o lo que sea, dibuja los problemas estomacales, como el hambre que nos come vivos.  

3: ¡UUUUU! Los románticos. Nada tiene mejor sabor que un huevo romántico, a veces vienen como los de elefante con trompa y no es porqué están enojados, es porque la trompa también se come. Mi madre decía que nooo, esos huevos de elefante son veneno. Debe ser cierto, una vez mi padre se comió un huevo de elefante con trompa y mi madre se desquició.         Ahora mismo no sé qué odia más, si a los huevos, a los elefantes o a las trompas, porque ella tampoco volvió a comerse una.  Pero el romance, los huevos enamorados del aceite…. ¡Qué sabor! Los refritos saben a odio y el odio sabe a pan y el pan a migajas y las migajas a pobres y los pobres, los pobres no saben a nada. Se los digo yo que he comido carne de elefante y… carnes verdes.

4: Los huevos, llevan tantos años consumiéndonos la vida. Son los culpables de tooodas las desgracias, por eso las mujeres siempre han sido mejores. Mi papá decía que nadie cocinaba huevos como mi madre. Eso sí que eran huevos y no solo de amor, tenían yema de colores, de azules pálidos. Que huevos los de mi madre para soportar a mi padre. Pero las hadas, siempre pensando en ellas, todo bien, todo bien, secuestremos a los inoportunos, secuestremos a la guerra, la maldad, y la paz; todas se hunden en el pozo.

1: ¿Qué? ¡El sartén! Quiere que cocinemos algo, lo dice en el humo, mira. Humo negro que huele a guerra, quizás me quieres sugerir que me prepare unos huevos presidenciales. No sé… a veces… intento creer que los días duraran mucho y que podré saltar en un sartén lleno de aceite. Me asusta el aceite, me asustan los aviones, el terrorismo, la crisis. El calor del aceite, aumenta, me quedo pegado al sartén mientras una espátula me quiebra la espalda, el caos, la locura y todo el mundo me ve, me ven con sus ojos de luz mecánicos, los ojos que tienen en las manos, ojos blancos que me observan, ahora, luego, por siempre, nunca. Los observaré mientras me miran, estás ahí, lo sé.

2: Mentira, todo mentira, las arañas se comen los huevos y luego los escupen en pequeñas arañitas indigestadas por el olor del cadáver. Los que se fueron, nunca han regresado, han dejado los sartenes rebozando sobre sus lápidas tibias. Los huevos también se han ido, se han quedado sin pollitos, sin elefantes, sin crías. Debería volver a mi cascarón, allí no hay miedo. ¡SHHHH! El miedo no existe, me lo comí esta mañana mezclado con la tocineta de un cerdo judío o jodío, no entendí la etiqueta. Y los ratones se pasan comiendo huevos de cigüeña, extinguen el futuro, serán condecorados héroes por el mundo animal. Animales ciegos, no lo ven, nos encierran como si fuésemos bestias, si, si, si, si, tú también eres cómplice, nosotros sabemos que no estamos locos.

3: Huevos de mentira, todos los días, todos los días, por eso estamos tan delgados, nos estamos quedando en los huesos. Estaría mucho mejor si alguien nos diera un huevo de verdad, con todo y su cascarón. Los huevos de ahora vienen en plástico, la barbarie, huevos gigantes de dinosaurios extintos, lo dijeron en la televisión, debe ser cierto.  No debemos echarles sal, la sal se nos acumula en los riñones y con la ira se nos entumece el estómago, y ellos lo descubrieron. Los elefantes sobre los árboles, saben que los huevos de mentira con sal nos cierran el hambre y la vista. Si es que tenemos ojos, hace mucho que no los veo cuando me miro al espejo.

4: Debemos comer huevos de pobre, esos sí que son fáciles de robar. Si les pagásemos algo por ellos seguiría siendo un robo. Debemos dejar a todo pobre sin huevos, así de paso los exterminamos, estoy seguro de que en eso piensan los elefantes y los rinocerontes. Si dejamos a los pobres sin huevos, no podrá haber más pobres y seremos todos rinocerontes o elefantes. Estoy muy inquieto, me asustan las alturas, los llanos, las montañas…me asusta que el hambre me coma desde adentro.


Los cuatro se sirvieron del huevo que le habían robado al elefante de la azotea. El sartén observaba a los cuatro locos disfrutando su comida. Se puso de pie y dijo: “está es la última vez, dejemos que ellos jueguen ahora”.

jueves, 20 de julio de 2017

La escoba de una ama de casa

En la Casa de las escobas, Luna siempre se pasaba jugueteando con su hermana, barriéndole los pies para que no se casara. No te vas a casar, le decía una y otra vez sin saber que Rogelia nunca iba a necesitar de un hombre que la sacara adelante. Luna se sintió muy mal el día de su boda, se sentía culpable por haberle barrido los pies a su hermana y por haberse casado antes que ella. Rogelia le decía que no se preocupara que la culpa no era de ella, sin embargo, Luna se enfadó cuando recibió el humilde regalo de Rogelia. Fue tan mal agradecida que Rogelia tomó la escoba que le había regalado y la llevó a su tienda. La Casa de las escobas, fue el negocio familiar, tenía en su destino ser heredado al miembro de la familia que no se casara.  Luna se fue lejos con su esposo luego de la muerte de sus padres y Rogelia se quedó a cargo de la tienda.
Con el pasar de los años Rogelia se convirtió en doña Rogelia, una señora encantadora que vendía las mejores escobas que las personas pudiesen imaginar. Ella siempre decía que las escobas no eran simples escobas, aunque algunas si lo eran. A la tienda iba todo tipo de personas, conserjes, magos, brujas, vendedores de aspiradoras y mujeres casadas. Había una escoba para cada cliente, pero solo una, las escobas de su tienda eran las mejores. Las escobas más vendidas eran para barrer los pies, las muchachas iban a escondidas, como si fuese un pecado no casarse.  La venta más exitosa fue la que doña Rogelia le hizo a una mujer que decía ser la esposa feliz. Así era como la conocían todos, era una mujer sencilla, siempre caminaba con una postura recta, los hombros a nivel, elegante. Doña Rogelia se sorprendió cuando la vio entrar a su tienda.
-Tardó mucho usted en venir por su escoba. –Le dijo con familiaridad.
- ¿Perdone?
- Si, la escoba que usted viene a buscar hoy está esperando por usted desde hace mucho, creo que por aquí la tengo.
- ¿Podré volar con ella?
- Eso depende, las escobas voladoras son muy pretenciosas, necesitan un igual. La escoba hará el trabajo que la bruja esté dispuesta a hacer.
Doña Rogelia hizo entrega de la escoba. Al tocarla, la cliente engarrotó sus dedos y su nariz se hizo curva, pero al abrir la puerta para salir, iba elegante como la esposa feliz que era.
En otra ocasión llegó a la tienda un hombre divorciado que había conservado toda su fortuna. El mismo día un muchacho estaba en la tienda. 
-Una escoba para mi asistenta, por favor. – Dijo el hombre.
-Una escoba para pies. –Dijo el joven.
-Tu no necesitas eso, los hombres podemos andar por ahí con varias mujeres sin casarnos.
- ¿Quién le pidió su opinión? Usted puede barrer su casa, no necesita de una asistenta. ¿Es usted manco?  
Doña Rogelia trajo una escoba, y les dijo que casualmente la escoba que ellos querían era bilingüe. Ellos no entendían nada, pero ella les explicó que la escoba no era para ellos, cuando se ha visto tal ironía, las escobas siempre son para las mujeres.   Y como esta escoba es para la misma mujer, el primero que la use tendrá lo que necesita. La trifulca que se formó fue grandísima, la situación fue tan intensa que doña Rogelia los golpeó y de un escobazo cayeron al suelo.  Más tarde una joven llegó asustada, cuando entró a la tienda encontró a su jefe y a su novio tirados en el piso. No te preocupes, le dijo doña Rogelia. Le entregó la escoba diciéndole que no era muy común ver hombres en su tienda, no es culpa de ellos, de otros tal vez, si el perro es el mejor amigo del hombre, la escoba es la mejor amiga de la mujer y, ya que la escoba era para ella, era ella quien debía decidir cómo usarla.
Entrado el siglo XXI, Doña Rogelia había repartido todas las escobas. No quedaba ninguna en la sección de despedir el año, ninguna en el área de bodas, y las de barrer pies estaban agotadas.  Doña Rogelia, decidió cerrar el negocio de las escobas. Las últimas dos se vendieron el mismo día de la clausura del negocio. La primera se la vendió a un hombre que detestaba las visitas, básicamente se la regaló y le dijo que para que fuese efectiva debía colocarla con las celdas hacia arriba, detrás de la puerta, eso haría que las personas que lo visitasen se fueran. Luego de vender esa, Doña Rogelia, se acercó a la puerta para cerrar por siempre, pero una señora de piel pálida, se lo impidió.
-Regresaste por tu escoba. –Dijo doña Rogelia.
- Si, por la escoba que me regalaste para mi boda, con la que te barría los pies. - Dijo Luna.
- No sabes lo mucho que me alegra verte.
- ¿Me darás la escoba?

Doña Rogelia le dijo que ya no era necesario, las escobas nunca fueron nada, todo eran supersticiones. Nadie hace algo por una escoba, las escobas no son objetos mágicos, no tienen sexo y mucho menos son capaces de evitar un matrimonio. Si doña Rogelia no se casó, fue porque quiso ser libre y terminar de una vez por todas con el negocio de las escobas. Al fin al cabo doña Rogelia sabía más de la vida, de hombres, de mujeres, de problemas, de sexo, de personas, de niños, de viajes, de libros… que de escobas. Las dos hermanas cerraron la puerta, y al final de la tienda, detrás de una puerta abierta, quedó por siempre la última de sus escobas, una escoba que no barrió para nadie. 

martes, 18 de julio de 2017

Reverenciando a las ovejas


Llegado el amanecer los comandantes observaban, vanagloriaban y reverenciaban lo logrado. Nada hubiese sido posible sin la invención y el riesgo que enfrentó Ambrosio. Si bien es cierto que pocos sabían de su trabajo en las granjas, de alguna forma el gobernador de la provincia se enteró y pensó que un experto en animales de granja era la persona más indicada para mantener cautivos a los delincuentes. Sin lugar a dudas la provincia estaba destinada al fracaso.  Cada día la criminalidad aumentaba, tanto así que llegó el momento en que hubo más delincuentes que civiles. Fue por eso que los comandantes de guerra hicieron lo necesario para lograr encarcelar toda la provincia, todos juntos, buenos y malos.  A la larga la decisión tomada agravó el problema, siendo la maldad una enfermedad de contagio rápido, toda la provincia se infectó del mal, o de injusticia.  La provincia entera terminó rodeada de cercas, para que nadie escapara. La angustia invadió al gobernador cuando la provincia, básicamente, desapareció del mapa, nadie visitaba el lugar, ni los turistas, ni los comercios, solo algunos extraños que dejaban en las cercanías a algunos delincuentes. En vista del horror que representaba una cárcel gigantesca el gobernador determinó eliminar la cerca. La acción fue llevada a cabo al instante, pero tan pronto se aflojaron los primeros alambres, hubo un incidente de fuga.
Cuando el absurdo intento de eliminar la cerca falló, llamaron a Ambrosio, quien era un desconocido, pero también era el único granjero que tenía todos los animales libres por la granja sin que estos se le escaparan. Consciente de que las personas no eran animales, Ambrosio informó al gobernador que no iba a ser tan sencillo como en la granja y que iba a necesitar mucho dinero para lograr su cometido. El gobernador no objetó nada, tal vez por desespero, pero cuando Ambrosio le dijo que iba a necesitar que se construyera una torre enorme en medio de la provincia, los ojos se le engrandecieron y se le fueron a blanco. Cuando recobró la conciencia, suspiró profundo, varias veces y dio la orden. La construcción fue llevada a cabo por la mano de obra provincial y mientras construían la torre, el gobernador se consolaba diciéndose a sí mismo, que la torre, al ser tan alta, llamaría la atención y todos irían a verla.
Cuando la torre estuvo lista, el comandante del ejército visitó la provincia y quedó sorprendido. La torre era monumentalmente alta y obscura, era imposible ver hacia adentro y desde adentro se veía hasta la parte más remota de la provincia. No obstante, y conteniendo los instintos ante la sorpresa, los comandantes le exigieron una explicación al gobernador. Él les comentó su decisión de eliminar las cercas. Los comandantes replicaron de inmediato, eso es imposible, la cerca es lo único que los retiene. Ambrosio interrumpió la réplica diciendo: “no es cierto, no necesitamos una cárcel para ser retenidos, se puede hacer con una luz, con un dolor, con miedo, con una necesidad, con lo más irrelevante que se pueda imaginar”.  Sin decir más, Ambrosio fue internado en la cárcel o sea en la provincia.
Al entrar, entre todos acorralaron a Ambrosio, querían lincharlo por tener a todos los ciudadanos encerrados, ovejas y lobos, todos juntos. Mujeres, hombres, niños, niñas y ancianos, corrieron con todo tipo de armas para matar a Ambrosio, quien llegó hasta un pequeño callejón sin salida.  Silvio, uno de los jóvenes, tiró a Ambrosio al suelo y le colocó un cuchillo en el cuello. Silvio le preguntó cuánto le había pagado el gobernador por encerrarlos.  “¡Dos millones!’’’ Dijo Ambrosio y Silvio apretó el cuchillo contra la garganta hasta hacerlo sangrar. Si no llega a ser porque Ambrosio gritó que le habían pagado para quitar la cerca, Silvio le hubiese desparramado toda su sangre por el suelo.
Con una herida profunda pero no muy grave, Ambrosio se organizaba.  Pasó unas semanas escondido preparándose.  Mientras tanto el gobernador pasaba los minutos angustiado, cada vez que pasaba un día y la cerca seguía puesta, tres canas le aparecían en la cabeza. Pasadas las semanas, Ambrosio se rodeó de nuevos y viejos amigos: Ernestino, su mejor amigo de la infancia, Arturo, un convicto de robo, Paco, mecánico de profesión, y Gilberto, prestamista convicto por fraude. A estos los había convencido de escapar, les había dicho que había engañado a los civiles de la provincia diciéndoles que iba a trabajar para quitar la cerca, que por eso su vida estaba en peligro, porque obviamente, quitar la cerca era imposible. Convencidos de que el escape planeado por Ambrosio era posible, se las arreglaron para salir durante el día y a la vista de todos.
Pero el gobernador no soportó la ansiedad, las canas casi le cubrían toda la cabeza y una vez al día, cuando miraba por la ventana, sus ojos perdían la pupila. Esa misma noche mandó a remover todas las cercas, “si se escapan, que se escapen”. Al amanecer, todos los ciudadanos fueron a buscar a Ambrosio para festejar el haber cumplido su palabra, la cerca ya no estaba. Buscaron a Ambrosio por todas partes, hasta que lo encontraron. Aunque muchos estaban contentos, el escape no se había llevado acabo, por tanto, aún tenía algunas cuentas pendientes, en especial la de Ernestino, quien tenía problemas para asumir la traición.  Cuando Ambrosio apareció le dijo a su grupo de escape que si no había cerca eran libres. “No es cierto”, le dijeron. Entonces fue cuando informaron a Ambrosio de lo sucedido. Durante el festejo, algunos se sintieron liberados e intentaron pasar por donde estaba la cerca, y de la nada, como picadas de hierro, les atravesaron la cabeza, desparramando todos los sesos por el suelo a merced del calor y las moscas. Los disparos fueron certeros y provenientes de la nada.  Ambrosio replicó diciendo que los disparos habían provenido de la torre, de la parte de arriba, de seguro había guardias listos para disparar, vigilando sin ser vistos.
En efecto eso era lo que sucedía. Ambrosio analizó todas las posibles escapatorias, durante dos años trató de escapar, todos los intentos fueron fallidos, el único compañero que le quedó fue Ernestino. De todos los intentos, el último fue el peor. La población entera estaba segura de que si alguien podría escapar ese sería Ambrosio, si él lo lograba, todos podrían hacerlo.  
El último intento ocurrió en la noche, iban ocultos, entre las sombras, aprovechando la gran trifulca que se dio ante una explosión que hubo cerca de la plaza principal, cercana a la torre. Todos los guardias estaban allí, por lo que supusieron que la torre estaba vacía. Corrieron de prisa, con cautela, cuando llegaron al límite, se oyeron disparos. Al día siguiente el sol alumbró los dos cuerpos, muertos, recostados sobre el suelo manchado de sangre, cubiertos con un saco negro, vacíos de vida.  Toda la provincia posó sus ojos sobre la morbosidad de los cadáveres hasta darse cuenta de que definitivamente no había escapatoria.
 Años después, la provincia se hizo una comunidad próspera, encerrada, pero próspera. Los habitantes se resignaron a ser buenos, el crimen desapareció, de vez en cuando una pelea sencilla que se disolvía por el miedo.  Se hacía fiesta para celebrar los escasos visitantes que llegaban. Uno de los mejores festejos se hizo el día que dos ancianos llegaron y se quedaron mirando fijamente la provincia. Entraron por la majestuosa entrada principal que se construyó, luego de la muerte del gobernador, y en el límite donde estaba originalmente la cerca. Era una entrada, un recordatorio.  Mientras celebraban la llegada de los dos ancianos, un joven había sobrepasado los límites, colocando sus huellas fuera de la cárcel. Él no sabía que fuera de la provincia, la vigilancia estaba mucho más avanzada, pero fue el primero de muchos en tomar el riesgo, pero en aquel momento en el que el joven huía, uno de los ancianos, que lo vio, le dijo al otro: “te lo dije Ernestino, algún día alguien se iba arriesgar sin saber que la intención siempre fue morirnos  para  que la torre vigilara vacía.”